Como se ha podido apreciar, si bien se conocía la existencia en el valle de Supe de asentamientos con arquitectura monumental, hasta nuestra intervención no se habían emprendido excavaciones para evaluar su antigüedad y significación en el proceso cultural peruano. En 1994, con un equipo de arqueólogos constituido por Fanny Montesinos, Lyda Casas, Camilo Dolorier y, eventualmente, por Lucy Palacios, emprendimos la prospección del valle bajo y medio de Supe, con apoyo económico del Instituto Nacional de Cultura y, posteriormente, de National Geographic. Todos los fines de semana, de viernes a domingo, durante dos años, caminamos en ambas márgenes del valle, basándonos en fotos aéreas y en el catastro arqueológico efectuado por Carlos Williams y Francisco Merino (op. cit.). Pudimos así reconocer cientos de sitios arqueológicos, pero entre todos ellos identificamos dieciocho asentamientos que atribuimos a un mismo período de temprana datación por la recurrencia de algunos rasgos. Los resultados de este trabajo motivaron mi interés por emprender excavaciones en por lo menos uno, con el fin de ubicarlos en el tiempo y caracterizar las expresiones socioculturales de sus constructores.
En 1996 decidí iniciar excavaciones en Caral, asentamiento elegido porque se encontraba entre los más extensos, por la distribución ordenada que mostraba su traza urbana y por su variada arquitectura monumental. Con los arqueólogos Arturo Ruiz Estrada, Manuel Aguirre Morales, Lyda Casas, Pedro Espinoza y Cristian Mesía excavamos en cinco sectores de la ciudad durante dos meses con apoyo económico de National Geographic. Al término de la campaña, los resultados indicaban que Caral era un asentamiento especial, de primera magnitud, debido al contexto cultural recurrente, correspondiente al período Arcaico Tardío, antigüedad que contrastaba con el tamaño del asentamiento y la monumentalidad de sus construcciones.
La carencia de fondos económicos fue el principal escollo. Sólo con la participación de Pedro Espinoza y, posteriormente, de Martín García Godos y Elizabeth Enríquez, se pudo proseguir con las excavaciones y mantener abierto el programa. En esa etapa fue decisiva la ayuda del ex alcalde de Supe, Sr. José Arámbulu, concretada en víveres, entregados semanalmente y, más tarde, en la construcción de una casa para los arqueólogos.
En 1997, el Rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Dr. Manuel Paredes Manrique, visitó Caral y prometió involucrar a la universidad en el programa de investigación. El apoyo de esta institución permitió continuar con la investigación de campo y de gabinete y obtener los resultados que presentamos sobre Caral al Perú y al mundo (Shady, 1997a, 1997b). También los alcaldes de las Municipalidades de Supe y de Barranca comprometieron el apoyo de sus instituciones. Con limitados recursos aportados por estas instituciones el Proyecto Arqueológico Caral pudo continuar con sus trabajos de investigación. El CONCYTEC en el año 2001 entregó una partida económica para contribuir en la solución de algunos de los problemas arqueológicos pendientes. Asimismo, PROMPERU colaboró con el estudio musicológico del conjunto de flautas traversas recuperadas en Caral.
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