Atravesando el desierto, desde la ciudad de Arequipa hasta el santuario de Chapi, se realiza de año en año una inmensa peregrinación para venerar la imagen de la Virgen de la Purificación, hoy denominada Virgen de Chapi.
En 1 790 el párroco de Pocsi, Juan de Dios José Tamayo, intentó trasladar a la pequeña imagen a otro poblado y no pudo moverla porque "repentinamente" su peso se volvió excesivo. Este milagro se propagó por la región y hoy los fieles recorren 45 km en aproximadamente 15 h durante toda la noche, apoyados en rústicos bastones, para llegar al desértico paraje situado a 2.420 msnm.
Antes de la primera parada los peregrinos se van aprovisionando de piedras de distintos tamaño que dejaran en Tres Cruces, junto al camino, formando las llamadas apachetas que simbolizan el cansancio y los pecados que los devotos van dejando atrás. Lo mismo sucederá en Alto de Hornilla y luego en Siete Toldos, a 15 km del lugar, formando con los cirios una infinidad de luces que titilan contra la oscuridad de la noche. Al día siguiente, en Chapi, la Virgen sale en procesión sobre alfombras de flores. Por la noche, junto al santuario, se prenden castillos de fuegos artificiales y se ofrecen viandas.