Entre las primeras brumas de las cinco de la mañana, una impresionante procesión de inmensas y coloridas cruces de carrizo y palmas cruza el valle de Porcón para celebrar la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén. A diferencia de otras celebraciones de Semana Santa, la de este alegre caserío situado a media hora por carretera de la ciudad de Cajamarca no se concentra en la muerte de Jesucristo.
El día central, Domingo de Ramos, se llevan a cabo cuatro ceremonias diferentes: la coronación de las cruces, el saludo al Señor en la casa del mayordomo (encargado de liderar los festejos), los diversos responsos cantados en quechua y latín, y finalmente la procesión a la capilla de la hacienda.
Las cruces son adornadas con espejos redondos y ovalados que representan las almas de los difuntos, así como con figuras de la Virgen María, el Corazón de Jesús y diversos santos patronos, colocados simétricamente formando un inmenso rombo, de cuyos extremos cuelgan campanillas de metal para anunciar el arribo a la comunidad. Durante la imponente procesión de cruces, los ángeles vestidos de turquesa, amarillo y rosado avanzan sujetando a la señorca, burrita que lleva al Señor de Ramos.